6.7.22

Catarsis de una maestra: “Me cansé de ser funcional a un sistema que promueve la mediocridad”


Ángeles Rivas, una barilochense que es maestra y profesora de distintos niveles desde hace 33 años hizo una sentida catarsis que posteó en sus redes y generó fuerte repercusión en favor y en contra.

Fue hecha al cabo de una jornada de trabajo y en ella refleja angustia y hastío de sobre el saldo de la tarea docente, la calidad del sistema educativo rionegrino, la laxitud, descompromiso y el impacto en los estudiantes de los contenidos impartidos, entre otras sensaciones personales desde la función que ejerce.

Esta fue la catarsis original:

“No quiero hacer nada, profe. No quiero leer ni aprender nada. No me interesa su clase”.

“Ni se gaste en llamar a mis viejos, no van a venir”.

“No tengo idea qué pidió, profe”.

“No tengo hojas ni birome. No puedo copiar”.

Me cansé de formar parte del sistema educativo rionegrino, argentino.

Me cansé de ser funcional a un sistema que promueve la defensa de la mediocridad, del no saber, de mantener a jóvenes que no estudian, de egresar a jóvenes a quienes no se les ha enseñado más que a “zafar”.

Me cansé de ser maltratada por muchos jóvenes desde su desgano, su apatía, su abulia, sus palabras groseras, su lenguaje sexista y plagado de vocablos soeces. Me duele su desinterés. Me anula su soledad. Me quiebra el alma tanta falta de un adulto que acompañe al niño a crecer.

Me cansé. Me harté.

No es culpa de los jóvenes su desinterés ni la falta de compromiso. Los adultos nos hemos estado ocupando en querer ser “for ever young” en vez de criar con amor, compromiso social, empatía a nuestros hijos. El Ministerio de Educación dejó de cuidar el conocimiento hace tiempo; maquilla el rostro de la ignorancia. Tenemos mucho Face y poco Book.

Las aulas son el reflejo de nuestra sociedad. Las conductas de egoísmo, crueldad, irresponsabilidad de los individuos se ven a diario y son avaladas por Resoluciones ministeriales que solo buscan mantener la matrícula con el fin de contar con muchos egresados mintiendo (nos) al Estado. Los egresados del Nivel Medio poseen escasos conocimientos. Muchos maestros, también.

Mi emoción es la pena de unos cuantos colegas más. Mal de muchos, consuelo de tontos. Soy tonta. Muy tonta.

Hasta hace poco creía en el corazón del hombre, en que la revolución empezaba en el aula. Pero nos quedamos en la discusión boba, en opinar si ponemos o no la “e” para incluir, en decir “les pibes” para tener un discurso progre. Damos pena. No damos clase. Balbuceamos ideas. No construímos saberes. No revolucionamos nada.

¡Al carajo con tanta estupidez! La enseñanza trascendente, el poder social, el cambio óptimo para ser debe comenzar por el hacernos cargo de criar con seriedad y compromiso humano a los hijos que hemos engendrado. ¿Hasta cuándo vamos a seguir aceptando que un joven tenga autoridad sobre su padre, madre, maestra? ¿Cuándo perdimos el rumbo? ¿Cuándo dejamos de amar a nuestros hijos para permitirles que «hagan lo que quieran»? ¿Por qué la escuela acepta también ese juego macabro de cambio de rol y de poder? ¿Por qué nos cuesta aceptar y poner límites? El nihilismo ha triunfado con un martillo que ha destrozado todo pero que no sirve para construir un superhombre empoderado en valores altruistas. Al maestro se le pide ser ese ser capaz de resolver, aceptar, crear, recrear al joven, dotarlo de elogios sin exigirles nada. El maestro vive dentro del caos.

Me cansé, dije. Estoy muy cansada. Muy molesta. Muy triste. Muy enojada. Muy indefensa. Cierren la puerta del aula y la de esta sociedad inhumana, vacua, innoble, creadora de necios y mentirosos.

No quiero regresar hoy al aula ni mañana ni pasado mañana. No tengo a qué regresar. Llévenme al loquero. Déjenme ahí. No puedo regresar a aquel sitio que amé porque ya no existe. No sé más ser lo que fui, maestra.

Unos pocos días después publicó:

Resolución de catarsis. Mi vocación es la de ser maestra.

Me desempeño como docente desde el año 1989. Desde entonces, trabajé en varios niveles educativos: primario, universitario, terciario y en secundario, nivel en el que aún ejerzo mi labor.

Hace unos días, hice catarsis. Hay días en los que me conmueve todo aquello que describí en aquel momento y me resulta muy complejo no expresarlo. Hay días en los que “no puedo más”.

En relación a eso, agradezco a cada persona que se detuvo en mi palabra y me dio la suya; agradezco a mis colegas de otrora, a los actuales, a los conocidos, desconocidos, a docentes que son de nuestro país y de otros países, profesores, maestros que, sabiendo de nuestra tarea y sus circunstancias, pueden compartir mi pesar; y también agradezco a aquellos maestros que piensan diferente a mí, que siente diferente a mi sentir. Por sobre todo, agradezco a quienes fueron y/o son mis estudiantes, jóvenes, adultos, que me colman de amor, solidaridad y empuje. Sin ellos gran parte de mi vida no tendría el valioso sentido que tiene hoy.

Y en ese hoy aparecen jóvenes que cursan 5to Año y dicen palabras como estas que ilustran este posteo.

Mientras tanto, renazco de las cenizas. Vuelvo a volar. La lucha continúa.

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