9/24/2019

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"Plan Atlanta". Golpes de Estado blandos para América del Sur

El despliegue de la OTAN en el Cono Sur como antesala a un programa de intromisión a las democracias de los países de la región.

En 2012 la Misión Presidencial Latinoamericana (ex presidentes de pertenencia neoliberal y pro-colonialismo y un conjunto de dirigentes políticos afines) se reunio en la ciudad de Atlanta, EE.UU., para la coordinación continental de la derecha para desestabilizar los gobiernos populares que alejaban a la región de la dependencia económica del Imperio y por lógica consecuencia consolidaban su soberanía política.



De ese encuentro nace la avanzada de los "Golpes Blandos" pero con otras estrategias ya que habían pagado costos altos en Honduras, fallaron en Ecuador con Correa y perfeccionaron el accionar en Paraguay con la destitución de Lugo, que es a partir de ahí que consolidan la conjunción de los Medios de Comunicación y el Poder Judicial, porque se necesitaba encontrar que la suavidad del golpe sea efectiva para avanzar. Y fueron puliendo los mecanismos de acción hasta lograr tomar el poder en los países centrales del Cono Sur: Brasil (destitución de Dilma Rousset), Argentina (una campaña de desprestigio como jamás se había visto en manos de Duran Barba) y Chile (con el financiamiento de las multinacionales financieras que operan allí). Lograron que la primer etapa del Plan Atlanta se llevara a cabo con éxito, el neoliberalismo manda en la región salvo las resistencias de Bolivia y Venezuela.

El Plan Atlanta planeó con total claridad que el moderno "terrorismo de Estado" lo ejerzan los holding de medios (la comunicación totalmente en manos privadas) y como brazo ejecutor el Poder Judicial (jueces al servicio de intereses económicos). Contra este modelo de acción debe pelear la política en la región, que se irá agravando si rápidamente no se revierte este proceso porque hasta la OEA está interviniendo en la consolidación de este Plan que tiene consecuencias muchísimas más graves que la de finales del siglo XX, y la frutilla del postre era Lula preso para que no sea Presidente del Brasil. La idea es que la región a través del más grande y poderoso no vuela a torcer el rumbo hacia el populismo.

Ex presidentes argentinos no participaron de aquella reunión de 2012, si posteriormente Eduardo Duhalde fue invitado a exponer, un año después. Si participan de National Endowment for Democracy (una ONG financiada por la CIA que opera en la política regional) un grupo nutridos de políticos argentinos que son parte de las operaciones locales; son miembros de la NED: Margarita Stolbizer, Graciela Ocaña, la vice presidente Michetti, Nicolás Massot, Oscar Aguad, Eduardo Amadeo, entre otros. La principal operadora de la NED es Lilita Carrió, quien es la encargada de reportar los informes a la central de inteligencia norteamericana.

El Plan Atlanta está en plena marcha. Y la región está en serio peligro. El objetivo de derrocar a los gobiernos progresistas de América Latina y El Caribe y consumar lo que dio en llamarse la restauración conservadora, es decir el retorno a los regímenes neoliberales que sembraron de pobreza, tristeza y dolor a nuestra región. Detrás de esa iniciativa está, por supuesto, el gobierno de Estados Unidos con su ministerio de colonias, la desprestigiada Organización de Estados Americanos, OEA, y algunos ex presidentes de orientación marcadamente anticomunista, que añoran con retornar al poder para su beneficio personal.

LA ARENA - LA PAMPA
El «Plan Atlanta», en marcha y con triunfos
Redacción - 18/10/2018 - Nelson Nicoletti (*) Parlamentario del Parlasur.

Los de la clase 50 para acá, hemos sido testigos de la consolidación de los Estados Unidos de Norteamérica como principal país hegemónico, desplazando a España y al Reino Unido como anteriores «imperialistas invasores» de la región. (Los ingleses persisten como piratas consuetudinarios).
El «imperialismo yanqui», en la jerga más revolucionaria, se tomó muy en serio su carácter de «país patrón» y ha implementado diversos mecanismos para someter a las naciones al sur del Río Bravo, para explotar sus recursos naturales como objetivo central. En ese camino, y entre otros inventos, diseñó el «Plan Cóndor», coordinado por los servicios de seguridad de las dictaduras militares de Brasil, Argentina, Chile, Bolivia, Paraguay y Uruguay, en colaboración con la CIA, para aniquilar a la izquierda opositora durante la década de los 70, en plena Guerra Fría, cuando asomaron algunos gobiernos populares en América Latina haciendo florecer los ideales de la Patria Grande sembrados por los libertadores. Y ejecutaron a sangre y fuego sus planes represivos matando y haciendo desaparecer de a miles a ciudadanos de estos países y llenando las cárceles de presos políticos e imponiendo sus políticas económicas.
La recuperación de las democracias por los ochenta, la aparición de gobiernos representantes de la voluntad popular y la imposibilidad fáctica de poner los cuarteles al servicio de nuevos golpes de estado llevaron a la golpista derecha liberal de nuestros países, en sociedad con Estados Unidos, a idear un nuevo sistema que les haga posible apropiarse nuevamente de los gobiernos.

La ciudad de Atlanta fue el escenario en que se conformó la Misión Presidencial Latinoamericana. Expresidentes de la región, liberales y derechistas suscribieron la Declaración de Atlanta (2012) en la que se expresa: «Se está ante una oportunidad histórica para que América inicie una nueva era en sus relaciones, dejando atrás la época de los desencuentros».
En una suite del Hotel Marriot, uno de los presentes, el expresidente Luis Alberto Lacalle, dijo que «ya que no podemos ganar las elecciones a estos comunistas, comparto una acción en dos pasos: primero iniciar una campaña de descrédito contra los presidentes de orientación izquierdista o progresista para ir minando su liderazgo. Para ello contamos con medios de comunicación. Segundo: transformar las maniobras mediáticas en procesos judiciales que terminarán con los mandatos presidenciales sin que para ello hubiera que recurrir al voto popular».
Esta información privilegiada y de primera mano fue suministrada por Manolo Pichiardo, dirigente del Partido de Liberación Dominicana, antes de asumir la presidencia del Parlacen (Parlamento Centroamericano), cuando relató lo sucedido en aquel siniestro foro de Atlanta al que fue invitado.
(*)

Manolo Pichardo fue testigo en 2012 en la ciudad de Atlanta (EEUU). de la puesta en marcha de una operación mediático-judicial de descrédito a líderes progresistas. Una situación que fue denunciada  por el vicepresidente uruguayo Raúl Sendic.

«El plan Atlanta a través de los medios de comunicación se iniciaría la campaña de descrédito. Y eso devendría luego en judicialización de toda esa manipulación mediática. Y eso es lo que hemos estado viviendo desde ese momento», sostuvo el político dominicano.

Los ejemplos del plan Atlanta en los medios de comunicación.

Además el analista político Walter Formento, de la Universidad Nacional de la Plata dijo acerca de la fusión de dos importantes empresas de telecomunicaciones que convertiría al conglomerado Clarín en la mayor compañía en este rubro de América Latina.

«El gobierno anterior tuvo una aguda confrontación con el grupo Clarín que en el año 2008 fue el organizador del paro agrario. Que llevaron adelante los grandes conglomerados financieros agro-exportadores en Argentina. El enfrentamiento fue frontal y dio lugar a lo que vino después que fue la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual», señaló Formento. «Los sectores controlantes del grupo Clarín son la gran banca Goldman Sachs y el JP Morgan», añadió.

El Plan Atlanta «Lo que pasa en Estados Unidos con Trump confrontando directamente con CNN. Es el mejor ejemplo de lo que ya tenemos hace muchos años en Argentina. Pero también en Brasil ( con la Red O Globo), Chile o Perú», opinó Formento.



América Latina está sufriendo un verdadero proceso de re-colonización norteamericana que condiciona toda la política regional, aseguró el intelectual.
LA RE-COLONIZACIÓN DE AMÉRICA LATINA: EL CASO DE ARGENTINA
Por Agustina Santoro - Red NAC &POP  - 16 de enero de 2019

Alberto Mas, corresponsal en Buenos Aires, explicó que América Latina nunca ha estado fuera de los objetivos expansionistas de los Estados Unidos, que la sigue considerando como su “patio trasero” y que jamás abandonaron la “doctrina Monroe”.
Hoy Washington está decidida a destruir los gobiernos populares e independientes surgidos al calor de la integración regional impulsada por los fallecidos Fidel Castro y Chávez.

El siglo XXI nació con un fuerte proceso de construcción de gobiernos democráticos en América Latina que generaron reformas económicas y en la redistribución del ingreso a favor de los más desposeídos.

Estos procesos fueron acompañados por la nacionalización de recursos naturales que produjeron importantes avances sociales de las clases populares, basados en un Estado con mayor protagonismo fundado en los intereses nacionales.

Esta integración continental fue una forma superadora del neoliberalismo imperante durante las décadas anteriores.

Pero este proceso no pasó inadvertido para los Estados Unidos, que a pesar de centrar su accionar en el norte de África y Medio Oriente, nunca dejó de mirar a Latinoamérica.

Pasada la época de las dictaduras militares de los 70-80, se dedicó a crear otras formas de intervención, la RE-Colonización ya estaba en marcha: dominación cultural, bases militares, medios de comunicación, ONGs, control ideológico de jueces, políticos y religiosos evangélicos, muchos dólares para invertir en ésta operación.

De ésta manera EE.UU. convirtió a periodistas, políticos, sindicalistas, jueces, fiscales y pastores en un verdadero ejército de mercenarios a su servicio, que actúan de acuerdo al momento y las circunstancias respondiendo a las directivas de Washington.

De la Doctrina Monroe al presente.

Ya en 1823 se iniciaba la denominada “Doctrina Monroe: América para los (norte)americanos” toda una definición de lo que vendría.

Allen Dulles, oficial de alto rango de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) de los EE.UU, que antecedió a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en 1947, había sentado el camino: …”Gracias a su diversificado sistema propagandístico, Estados Unidos debe imponerle su visión, estilo de vida e intereses particulares al resto del mundo, en un contexto internacional donde nuestras grandes corporaciones transnacionales contarán siempre con el despliegue inmediato de las fuerzas armadas, en cualquier zona, sin que le asista a ninguno de los países agredidos el derecho natural a defenderse”

En el siglo pasado fueron los golpes de estado, las invasiones y las dictaduras militares que asolaron el continente, a la fuerza de las armas le siguieron las armas económicas, planes del FMI, el Banco Mundial, pero también el trabajo concreto sobre los medios de comunicación masivos.

Los Golpes Blandos

No es casual entonces que desde la década de 1950, algunos personajes como Gene Sharp se dedicaran al estudio de la desobediencia civil como herramienta que pueda ser considerada como una técnica de acción política, incluso militar, creando en 1983 el Programa sobre las Sanciones No Violentas en el Centro de Asuntos Internacionales de la Universidad de Harvard y funda ese mismo año la Albert Einstein Institution en Boston (con apoyo de la OTAN y la CIA), donde le da forma definitiva al diseño de los denominados golpes blandos o suaves.

Sharp afirma que “La naturaleza de la guerra en el siglo XXI ha cambiado y que “nosotros combatimos con armas psicológicas, sociales, económicas y políticas” y que pueden ser resumidos en cinco grandes pasos:

Primera etapa: Consistiría en llevar a cabo acciones para generar y promocionar un clima de malestar. Entre dichas acciones destacan la realización de “denuncias de corrupción y la promoción de intrigas”, señalan los expertos.

Segunda etapa: Se procedería a desarrollar intensas campañas en defensa de la libertad de prensa y de los derechos humanos acompañadas de acusaciones de totalitarismo contra el Gobierno en el poder.

Tercera etapa: Esta fase se centraría en la lucha activa por reivindicaciones políticas y sociales y en la promoción de manifestaciones y protestas violentas, amenazando las instituciones.

Cuarta etapa: En este punto se llevarían a cabo operaciones de guerra psicológica y desestabilización del Gobierno, creando un clima de “ingobernabilidad”.

Quinta etapa: La fase final tendría por objeto forzar la renuncia del presidente mediante revueltas callejeras para controlar las instituciones, mientras se mantiene la presión en la calle. Paralelamente se va preparando el terreno para una intervención militar, mientras se desarrolla una guerra civil prolongada y se logra el aislamiento internacional del país.

Lo que pretende Estados Unidos con su actual versión de Plan Cóndor es desmontar los gobiernos populares, para mantener o recuperar su dominio sobre los procesos políticos para custodiar los recursos petroleros, ambientales y económicos que ambiciona de la región.

Buscan crear desesperanza en la población, frenar los programas sociales de los gobiernos populares y acabar con la imagen de los liderazgos revolucionarios en la región, empleando a los medios de comunicación para generar el rechazo ciudadano.

El caso Argentino

Siguiendo el análisis de Alberto Mas, “Argentina cayó en manos de un grupo de empresarios liderados por Mauricio Macri y ligados a empresas de obras públicas, de la producción primaria y financieras internacionales y el apoyo de la Embajada de los EE.UU en Buenos Aires”.

Lograron instalar una campaña de desprestigio como jamás se había visto antes contra líderes populares, conducida por Duran Barba.

Sumado el blindaje mediático que realiza el Grupo Clarín, los sectores controlantes del grupo son la gran banca Goldman Sachs y el JP Morgan.

A lo que se sumó la diversificación e influencia en el Poder Judicial, donde recientemente desplazaron, en una tremenda interna en el seno del poder, al Presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, imponiendo a uno de los abogados del Grupo Clarín, Carlos Rosenkrantz.

Lo podemos apreciar en Argentina donde la mayoría de los dirigentes del PRO, el Macrismo y los seudo-opositores, tienen apoyatura de distintas ONGs operando en la política nacional, han sido denunciados como miembros de la NED, Lilita Carrio, Margarita Stolbizer, Graciela Ocaña, Nicolás Massot, Oscar Aguad, la vicepresidenta Gabriela Michetti, Marcos Aguinis, entre otros.

El coordinador de los equipos técnicos de la Bullrich, Alan Clutterbuk, es presidente de la ONG Red de Acción Política (RAP), integrada por personajes vinculados al macrismo y a la embajada de los EEUU.

Su nexo con la NED sería Ramiro Tagliaferro, ex esposo de la gobernadora de la Provincia de Buenos Aires María Eugenia Vidal e intendente del municipio de Morón.

En la Argentina la falta de unidad de las fuerzas de izquierda, populares y progresistas ha sido una constante.

En este contexto nos podemos preguntar si las elecciones de 2015, en la que participaron dos candidatos peronistas, Daniel Scioli por el FPV, que en la primera vuelta obtuvo el 36% de los votos y Sergio Massa por el peronismo no kirchnerista logra un 21%, la suma de votos peronistas le hubieran dado el triunfo, pero esta división llevo al derechista frente Cambiemos del Pro y el radicalismo a ganar la segunda vuelta e imponer a Macri en la presidencia del país, fue por las luchas internas del peronismo o si la mano del “Plan Atlanta” estuvo involucrado.

Vivimos una crisis del tipo de capitalismo financiero e inhumano que ha impuesto Occidente.

La Coordinación regional es del grupo Misión Presidencial Latinoamericana.
Este “foro” que reúne a líderes de todo el mundo bajo la sombrilla de la Fundación Paz Global. La derecha latinoamericana coordina acciones desde Estados Unidos para recuperar terreno perdido. En Uruguay esa trama la encabeza Lacalle Herrera y juego un rol la secta anticomunista Moon.

Los ex mandatarios que la integran son 12 representantes de la derecha regional: Vinicio Cerezo y Álvaro Colom (Guatemala); Luis Alberto Lacalle (Uruguay); Juan Carlos Wasmosy (Paraguay); Carlos Mesa y Jaime Paz Zamora (Bolivia); Laura Chinchilla (Costa Rica); Nicolás Ardito Barletta y Martín Torrijos (Panamá); Ernesto Samper (Colombia); Hipólito Mejía (República Dominicana) y Gustavo Noboa (Ecuador).

Impacto interno
El Plan Atlanta comenzó a diseñarse en 2012 también fogoneado por la secta cristiana anticomunista Moon, impulsada por Estados Unidos desde los años 1950, en plena Guerra Fría. En Uruguay, una de las organizaciones que encarna el Plan Atlanta es la fundación Paz Global que preside Hyun Jin Preston Moo, y la participación de la Conferencia Liderazgo Uruguay, el Instituto Patria Soñada y la Fundación Esquipulas. Esta organización realiza periódicamente algunas actividades a la que asisten diversas personalidades nacionales. Uno de los participantes habituales es Jorge “Charleta” Guldenzoph, vinculado a la secta Moon y denunciado como torturador durante la dictadura cívico-militar uruguaya. Guldenzoph participa también de la MPL y estuvo en la reunión de Atlanta.
El propio Sun Myung Moon (fundador del grupo religioso, fallecido en 2012) se instaló en Uruguay en 1981 y se entrevistó con el presidente Tabaré Vázquez durante su primer gobierno. Moon gozó de muchos privilegios para hacer negocios en el país, incluyendo un diario, Ultimas Noticias, cuyos trabajadores terminaron en la calle.

Desde Montevideo,
Darío Rodríguez Techera


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