10/13/2022

Aquellas palomas de Plaza de Mayo.



Cuando esté todo vendido, entregado y repartido, nos volverán las ganas de ser peronistas como los de antes. 

Por ahora, nos alegramos con cantar la marcha y sentir que estamos vivos en la militancia, en las ideas de emancipación. 

El autoengaño es una necesidad psicológica de preservación de un mundo que ya no es para poder continuar con la creencia de una Patria que fue hurtada desde afuera y desde adentro. 

La Plaza de Mayo es la conciencia retrospectiva de otras glorias y dolores. Nada más. Una ceremonia de autosugestión. Mientras tanto las palomas van y vienen entre las cornisas y los campanarios. 

La memoria se ha vuelto corta en un sentido inversamente proporcional a la sensación del estómago vacío del 50%  niños, a la intemperie de las periferias.

Allí se revela la realidad que se describe en documentos y proclamas políticas que No surten más efecto que en el micromundo de los convencidos.

Gobernantes del marketing, las encuestas y el spa. Dirigentes dirigidos. Títeres con piolines gruesos que relatan en 200 letras, sin compromiso, lejanías e hipocrecías. Anchas avenidas del medio y unidad en la diversidad. Cuánta estulticia!

Periodistas como operadores de la inteligencia foránea que dan asco al justificarse en el insulto apátrida.  

Lo remanido suena a viejo. Décadas propalando lo mismo mientras desaparecen, hacia la derecha y a la izquierda, los sueños más nobles, se manosea la libertad y la democracia en una ceremonia de zombies presentes y ausentes.

Cuando no haya quedado nada nuestro - falta poco - preguntaremos por aquel país que teníamos, porque seremos deambulantes entre banderas y alambrados que pusieron otros. 

Caeremos en el espanto histórico y descubriremos que el diablo se vistió  de blanquiceleste desde el fondo de los tiempos. Que una vez, el peronismo fue una cruz del exorcismo inconcluso. 

Nada es nuestro. Ni empresarios, ni políticos; ni terratenientes ni peonada; ni profesionales ni comerciantes. Ni sindicatos. Hasta la congregación identitaria del pueblo perdió su espejo. 

En el suelo, hecho añicos, ese espejo en mil pedazos, no quiere ver el rostro de un país unido. Aún en esa situación se ven algunos - acicalados y sonrientes - ajustándose el moño en su pedacito, para un tentempié en los salones de los poderosos que lo destrozaron. 

Argentina sin remedio. Sin pan y sin suerte. Un país de mirada impávida, lobotomizado por mantras decapitantes, hipnotizado por estrategias de No pertenencia, musicalizado por sones sin tradiciones ancestrales, arreado con un chaleco químico inyectado por los medios y sus agentes. 

Vivimos en la mentira. Vemos figuras obnubilados en el desierto que otros falsos argentinos vaporizan en el horizonte. Cualquier oropel extranjero es mejor que nuestro propio país. Huimos de la autoflagelación pero mordemos una camiseta de fútbol. 

El Himno de López y Planes / Blas Parera nos rompe el alma en Miami y nos desangra en Europa. La impotencia lacrimógena en las tribunas es un confesionario de traidores superfluos que hacen la suya. 

Así no somos nada y creemos que existimos. Que siempre llegaremos de un lugar donde nunca exploramos, ni aún al borde del abismo.

Entramos en guerra por contradicción etílica. En el 2001 la furia descubrió el robo neoliberal, que mató a los nadies en las calles;  en el 2015 extrañamos el saqueo. Así adoramos el borrón y cuenta nueva mientras la sangre sea de otros.  

Somos cómodos. Pusilánimes. Sin agallas. Aspiramos a que la historia nos venga a buscar para hacer lo mismo de antes. Para repetir lo que ya copiamos. Volvimos y fuimos menos. 

Lo único que vale es preguntarnos por ahora, si para ésto que nos convertimos, murieron y desaparecieron 30 mil. 

Mientras tanto las palomas - hijas de aquellas palomas - sobrevuelan en círculo entre las cornisas y los campanarios.

Alcides Cruz

4 comentarios:

  1. Una prosa excelente, gris, con apenas la claridad cortada por tantas nubes. Y un diagnóstico envidiable. Mis respetuosos saludos.

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  2. Excelente prosa. Gris, invadida por una realidad insoslayable. Mis respetuosos saludos!

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  3. Mi nombre es Julio Cèsar Ciccone. Tremendo escrito. Feroz, implacable, genial y necesario. Muchas gracias. Abrazo fuerte.

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  4. Impecablemente describe Alcides Cruz una realidad lamentable, pero tan precisa como intensa de lo que somos hoy. Qué nos pasó?..........

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